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GUIA GAY DE VITORIA

    Publicado por: Jon Fecha: 23:42 / 4 Comentarios


    Pocas cosas pueden llevar hasta el más insufrible hastío como un día en pleno mes de Agosto en Vitoria-Gasteiz. Tras la tempestad de las fiestas llega una tensa e insufrible calma que paradógicamente, siempre me ha resultado mas agobiante que la más bulliciosa de las tardes de un sábado de invierno. Me refiero a esas tardes previas a las pascuas navideñas, donde el consumismo mas atroz, se apodera de nosotros como alimañas a las presas de caza.

    Recientemente leí un artículo en un blog de la ciudad. De manera paralela a la explosión de mi primera gran revelión sexual, en la capital del aburrimiento por excelencia, despertaba tabién una zona de perreo (Como dirían las mas abiertas de mente de anteriores generaciones), donde los instintos mas bajos de los hombres de bién, se hacían con el poder de sus cuerpos y sus mentes. El día de la virgen, en pleno mes estival y como homenaje a la dudosa abstinencia sexual de dicha dama, decidí acercarme a dichos descampados.

    Solo distaban 11 kilómetros al norte... en un pequeño desvió anónimo de una de las autovías mas transitadas del país. Tras cenar una porción de pizza quemada por un horno cuya temperatura superaba lo humana y quimicamente esperado para un aparato de sus características, decidí emprender camino hacia la perdición de mis principios. Una moral recta, católica y apostólica, que hacía aguas cual camarote del titánic desde hacía ya un lustro, y que naufragó definitivamente con la espantada de mi pareja. Ella había decidido romper una baraja repleta de cartas falsas. Aquel juego hacía tiempo que no tenía sentido, y tanto mi mente como mi bragueta llevaban meses animándome a jugar otra mano diferente. Ella se adelantó. Una vez más perdí la partida. Nunca creí que la derrota pudiera tener un sabor tan dulce... aunque no es fácil degustarla ante una más que molesta sensación de humillación.

    Me sudaban las manos. Supongo que es algo normal ante lo desconocido... era ya noche cerrada y una luna creciente me guiaba por aquella carretera de provincia que no parecía llevar a ninguna parte, aunque maltrechos letreros señalaran a duras penas entre la frondosa vegetación, que el pequeño pueblo de Gopegui, se encontraba a tan solo 5 kilómetros de allí.

    Unos contenedores eran la señal. Desde ahí, un pequeño camino de monte y enseguida se llegaba a una explanada de tierra y mala hierba. La oscuridad era total. El silencio era tal, que casi se podía romper con el ruido de la propia mente. Había mordido la manzana y aquel paraíso seguía presente ante mí. Pero como en bíblica historia de Eva y Adan, aquello también se convertiría en un infierno...


    Siete coches aparcados en hilera delante mío me confirmaban mis más ocultos (y al mismo tiempo deseados) presagios. Estaba en el lugar adecuado. Taquicardico, y casi rozando la hiper-ventilación, bajé de mi vehículo. Era un ford Escort del 98, y pese a su edad, apenas había conocido contados escarceos sexuales... donde la protagonista femenina siempre fue la misma. Durante unos segundos me entró la duda de si esa era la mejor manera de presentarme a mi mismo mi nueva sexualidad, pero en cuanto empecé a preguntarme bajo que sabanas estaría moviendo su cuerpo aquella mala bicha... no tardé en emprender rumbo hacia aquellos coches. Quizás era mi particular forma de vengarme. Quizás quería redimir alguna culpa. Quizás solo tenía sed de sexo... pero estaba ahí; y no me iría de aquel lugar hasta encontrar quien desabrochara mis pantalones. Mire hacia la explanada que acababa con un frondoso y desasosegante bosque. Pese a lo poca luz que facilitaba un cuarto de luna... no se veía a nadie.

    Aunque el calor propio de las fechas comenzaba a menguar (Seña de identidad del Agosto Vitoriano), la manga corta todavía resistía los caprichosos cambios en el mercurio de la llanada. Era curioso... pese a la temperatura, no había grillos, no se oían pájaros... no había nada que emitiera el más mínimo sonido que me despertara de aquel desesperante silencio.

    A tan solo cinco metros de mí se encontraba el primero de los vehículos; Un volvo S-40... muy probablemente conducido por un interesante maduro. En su interior... nadie. Nadie tampoco en el segundo de los coches, de verlina discreta y de segmento bajo.

    Comencé a fantasear. Me imaginé a aquel maduro del primero de los vehículos perdido entre aquellos árboles del fondo con el púber que conducía el segundo de los coches. Me lo imaginaba cual maestro con su aprendiz, enseñándole las lecciones amatorias más básicas. Ayudándole con la práctica a interiorizar al mismo tiempo, las materias mas duras... con cariño, pero con la rectitud que se espera de un buen educador de la vieja escuela.

    Con fervor, preso de mis propias reacciones fisiológicas ante tan magna fantasía, me acerqué al tercero de los coches. Este estaba más distanciado... a unos cincuenta metros. Pero tampoco había nadie.


    A lo mejor el maestro y su aprendiz no estaban solos. A lo mejor aquellas disciplinas tan carnales estaban siendo instruidas a mas educandos. A lo mejor incluso el propio erudito estaba recibiendo nuevos saberes. Me empecé a imaginar aquel hombre arrodillado ante tanta belleza juvenil... saboreando centímetros y más centímetros de lozanía... o quizás esos mismos falos intentaban atravesar la puerta de sodoma de aquel caballero, muy posiblmente desengrasada ya de tanto dar paso a los hombres mas merecedores de alcanzar el climax en su interior.


    Aquella facilidad para imaginar todo aquello, estaba a punto de provocarme un estallido allí donde las piernas pierden su digno nombre. Me acerque al cuarto coche, rozando la desesperación, y dispuesto a donar mi miembro viril a la primera persona que estuviese dispuesto a tomarlo en adopción... pero tampoco había nadie. Llegué al sexto coche... nadie. Mire hacia atrás, hacia alante... mire en todas las direcciones... no había nadie por ningun sitio. No era capaz de detectar el mas mínimo sonido. No podía intuír la mas insignificante presencia. Simplemente, me encontraba sólo... o eso pensaba. Aún quedaba un coche...
    Continuará...

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    4 comentarios:

    Anónimo dijo...

    y que hay del ultimo coche? vamos vamos...la capacidad productiva y creativa del autor P R O M E T E y mucho....cuando publicais la continuacion? gracias

    Jon dijo...

    La semana que viene... aunque es mejor que nadie espere gran cosa. Esta cabezita no la de los guionistas de "lost"... jeje!

    Anónimo dijo...

    ya te vale Jon...todavia estamos esperando la nueva entrega

    Anónimo dijo...

    cuando vas a publicar los siguientes capitulos?...ya te vale

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